Grandes favores cotidianos

Ángel Turrillo es un taxista de Barcelona que frecuentaba hace algunos años la parada que tiene el hospital Sant Joan de Déu, centro de referencia de enfermedades raras de esa ciudad. Un día de julio de 2013 recogió allí a un matrimonio con un niño pequeño. A otro hijo lo dejaban ingresado con una dolencia grave. En aquel trayecto hasta el domicilio familiar, el taxista recuerda que hablaron de la crisis, que escuchó aquello de “¡vaya momento que estamos pasando!”. Y cuando lo describe dice: “Tú vas tragando y oyendo a esta familia que te cuenta su problema”. Y cuando llega el final de la carrera, que el taxímetro marcaba siete u ocho euros el servicio, la mujer no encuentra el dinero para pagar. Ángel: “Mire señora, no se preocupe, que hoy no se paga”. seguir leyendo