Con lo mejor que tengamos

En los albores del siglo XX, Marie Curie se afana en un hangar abandonado que hace las veces de laboratorio. Se afana y se desgasta hasta la extenuación para extraer el radio que se halla en la pechblenda, del que hacen falta varias toneladas para obtener apenas unos miligramos de radio lo suficientemente puro. En esos días de su historia, Marie ya está tras la pista de lo que tiempo más tarde supondría un descubrimiento de primer nivel, el desarrollo de la teoría de la radiactividad y un Nobel en Física (que no sería el único). Reconocimiento, popularidad, prestigio, admiración. Todo eso lo vivió la científica polaca. Y también lo que vino después. El escándalo público cuando se enamoró de Paul Langevin. Una tormenta devastadora sí, pero no un “hundimiento existencial”, como lo define Françoise Giroud en una de las narraciones de la vida de Marie Curie que más me gustan. Seguir leyendo