“Homo empathicus”

Marina tiene quince años y es alumna de un instituto de Girona. Está contando en la radio peculiaridades de su centro que lo hacen diferente a otros. Dice que con sus compañeros se organizan para salir a “ayudar a la comunidad”. Detalla que han formado diferentes “grupos de servicio” para echar una mano a la gente. Por ejemplo, unos dan soporte escolar con clases de refuerzo a críos a los que les cuesta sacar la tarea adelante. Otros se relacionan con ancianos que viven en geriátricos o en sus casas para ofrecerles compañía, contarse cosas o cargarles las bolsas de la compra. Y me pareció entender que hay quienes se ocupan también del mantenimiento de las instalaciones del propio instituto. Lejos de parecerles una lata todo esto, explica que les gusta salir fuera, no quedarse “encerrados en clase”, “estar con la gente”. Habla de un “sentimiento bonito”. A la directora del centro, Yolanda, la escucho expresar con claridad esta reformulación -sin embargo compleja- de la educación: “No educamos para el futuro, sino para practicar valores que ahora son necesarios y que son eficaces”. seguir leyendo