Nadie llega solo

La primera vez que me publicaron un artículo tenía catorce años y fue en el periódico Jornada. En aquel entonces yo estudiaba en el Hogar Escuela, mi colegio y mi casa también, el colegio que siempre llevaré en mi corazón (y estuve en unos pocos). Tenía un profesor, Julián Escribano, que escribía una columna periódicamente en EL DÍA. Una mañana se acercó hasta mi mesa y me preguntó si me parecía bien que se llevara uno de mis escritos para editarlo en la prensa. Esta naturaleza mía tímida no me permitió hacer aspavientos, pero en realidad me puse loca de contenta y el profesor se llevó mis cuatro letras hilvanadas de aquella manera. Por lo que recuerdo, contaba una experiencia personal relacionada con una fiesta del colegio, o algo así. Escribía de las cosas que me rodeaban, de lo que me gustaba y de lo que no me gustaba, según. De qué otra cosa podía escribir. A lo que voy no es al contenido de un modestísimo comentario que ahora me resulta anecdótico y entrañable. En lo que me quiero detener es en el gesto de un profesor, que se ofreció a intermediar para que alguien pudiera hacerme un pequeño hueco en el periódico. Y al día siguiente fue publicado. seguir leyendo