Un aprendizaje profundo

Paco de Lucía tocaba la guitarra horas, horas y horas. Así fue desde que era niño. En un documental que realizó su hijo, Curro Sánchez, el guitarrista explica que siendo tan pequeño no tuvo que “aprender las bases del ritmo intelectualmente”. Eso era algo “inherente” a él; lo había oído como el que oye hablar. Para él, ese sonido “era tan familiar como entender las palabras que decía la gente”. Su padre le transmitió el amor al flamenco. Lo que tuvo que añadirle este músico prodigioso a eso que era “inherente” fueron toneladas de horas abrazado a la guitarra y un deseo irrefrenable de seguir descubriendo sonidos nuevos. Seguir leyendo