Teresa Baró. Filóloga. Experta en habilidades de comunicación

Domina las entretelas del lenguaje verbal y no verbal. Se entregó al estudio de la comunicación -según dice- para superar sus propias dificultades y vencer su timidez de adolescente. Y desde hace treinta años se ocupa con pasión de la divulgación de esta disciplina. Su tarea consiste en ayudar a otros profesionales a ser mejores comunicadores. Fundadora de la consultoría “Verbal No verbal”, creadora de una metodología propia de enseñanza, colabora habitualmente en programas de radio y televisión. Es autora también de varios libros, el último de ellos titulado Inteligencia no verbal, publicado por Editorial Paidós.

PODCAST RECREÁNDONOS

 

ROCÍO CELIS. JUNIO, 2019

Usted afirma que “comunicar es un arte”. ¿Por qué?

Porque a veces pensamos que todo lo podemos solucionar a base de fórmulas y no todas las fórmulas funcionan en el momento adecuado. También hay una parte de intuición, de experiencia, de saber hacer, incluso de estilo personal. Por eso, aunque se puede mejorar mucho a base de aprender técnicas, al final podemos decir que, en conjunto, sí es un arte.

Pero esto no significa que haya que nacer con esta capacidad para comunicar mejor, ¿no?

No, claro. Nacemos con unas capacidades innatas que después podemos desarrollar, esto es muy importante tenerlo en cuenta. Es decir, todos nacemos con la capacidad de comunicarnos de muchas maneras, pero después tenemos que aprender a hablar de una forma determinada, con un tono de voz o utilizar determinadas palabras en el momento oportuno. Igual que toda la parte no verbal. Todos sabemos sonreír o llorar cuando nacemos, pero en cambio tenemos que aprender las pautas sociales para saber cuándo es adecuado y cuándo no.

“Pocas veces tenemos una conciencia plena de lo que estamos transmitiendo”

Lleva observando nuestra forma de comunicarnos desde hace mucho tiempo. ¿Qué diría que nos falta para ser mejores comunicadores?

Mira, algo muy importante que es la conciencia de uno mismo.

¿Y eso qué significa?

Nos comunicamos cada día constantemente y según el momento tenemos cero conciencia de lo que estamos transmitiendo. Pocas veces tenemos una conciencia plena de lo que estamos haciendo con nuestro cuerpo, de lo que estamos diciendo con nuestras palabras y del efecto que produce en el otro. Quizás si fuéramos más conscientes de cómo nos comunicamos obtendríamos mejores resultados.

¿De qué manera podemos ser conscientes o caer en la cuenta de esto?

Lo primero, saber analizarnos. ¿Cómo lo hacemos si no nos han enseñado y no nos han dado las herramientas? Hay que aprender, sobre todo la parte no verbal que es la que no hemos aprendido en la escuela. Nos comunicamos no verbalmente, pero lo hacemos de una forma muy intuitiva en función de los modelos que hemos tenido de pequeños. En cambio, si te fijas, en la parte verbal sí tenemos más herramientas para analizarnos porque lo hemos estudiado en la escuela, sobre todo la parte escrita. Tú escribes un texto y lo puedes revisar y corregir, pero es mucho más difícil hacer esto en la parte no verbal. Por lo tanto, una de las prácticas que tendríamos que activar sería aprender los fundamentos de la comunicación no verbal.

Vamos a eso. ¿Cómo es una persona inteligente desde el punto de vista de su lenguaje no verbal?

Muy interesante y complejo a la vez. En primer lugar es una persona que recibe los mensajes de los demás. Hay personas que no se enteran de nada. Por ejemplo, a lo mejor están con alguien que tiene prisa y se está yendo, y el otro no para de hablar. Es decir, tenemos que tener conciencia de lo que nos están diciendo los demás a través de su lenguaje no verbal. Segundo, saberlo interpretar correctamente -que me guiñen el ojo puede ser por muchos motivos distintos, no necesariamente porque me quieran seducir-. Tercer punto, la autoconciencia de la que hablábamos antes. Esto es, tengo que saber qué es lo que transmito y qué comunico en cada momento. En cuarto lugar, también tengo que ser capaz de regular mi comunicación no verbal. Puedo estar muy enfadada y a lo mejor no es muy conveniente demostrarlo, o al revés, puedo estar contentísima y en este contexto tengo que frenar el impulso de demostrarlo. También está la capacidad para tomar la iniciativa. Por ejemplo, si estoy en una fiesta y quiero relacionarme con los demás que son desconocidos, y tengo la capacidad para iniciar las relaciones. A partir de esto, la adaptación y algo muy importante, poder planificar. Si tengo una cita con un cliente o tengo una conversación delicada, tengo que poder diseñar el momento: dónde, cómo voy a empezar, con qué tono de voz, qué expresión en el rostro… Todo esto lo puedo pensar previamente para que salga bien y conseguir los objetivos. La última habilidad de la persona inteligente no verbalmente es la capacidad para mejorar, la capacidad de ir entrenando para mejorar constantemente todos los días de su vida porque nunca paramos de aprender y cada día tenemos situaciones nuevas con las que tenemos que lidiar.

Cuando observa a alguien comunicarse, ¿a qué presta más atención: a su lenguaje verbal o a su lenguaje corporal? ¿O qué le parece más fiable?

En general, a todos nos parece más fiable el lenguaje no verbal porque sabemos que la gente miente mucho con la palabra. Pero también hay personas muy entrenadas a mentir con el cuerpo, a disimular bien. Yo me fijo en todo, en conjunto, porque precisamente al observar la congruencia entre lo verbal y lo no verbal es cuando una persona te merece credibilidad. Cuando no hay esta congruencia te hace sospechar y piensas “aquí hay algo”. Por lo tanto, si es una persona que está hablando tenemos que observar las dos cosas a la vez. Y si es una persona que no está hablando, entonces todo lo no verbal es muy relevante.

“Quien dedica tiempo a la relación presencial está realmente haciendo un regalo”

En este tiempo nuevo en el que andamos ya desde hace unos años dominado por las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, ¿dónde queda la comunicación humana personal cara a cara?

Pues parece que cada vez tenemos más dificultades para esa relación cara a cara. Nos hemos acostumbrado a hablar por teléfono, a mensajes escritos, redes sociales… A expresarnos sin siquiera conocer a la otra persona y esto es algo que a veces nos hace ser más atrevidos y somos capaces de decir cualquier cosa. En cambio, la comunicación personal, directa -en la familia o tomar un café con los amigos para explicarnos las cosas que nos pasan-, cada vez es menos frecuente. Y por eso, va adquiriendo cada vez más valor. Hoy en día, la persona que dedica tiempo a la relación presencial está realmente haciendo un regalo. Esto lo valoramos cada vez más, o deberíamos hacerlo. Cuando quedas con alguien para hablar de temas personales o profesionales le estás dando tu tiempo. Y ya que lo hacemos hay que aprovecharlo al máximo y poner atención plena. ¿Qué quiere decir esto? Que evites todas las distracciones, como consultar el móvil, por ejemplo. Vamos a procurar que cuando estemos con las personas de manera presencial, esta atención sea total y de mucha calidad.

¿No puede existir esa comunicación de calidad sin el contacto personal?

Sí, sí puede. Se podría hacer una comunicación de calidad a través de cartas como hacían nuestros abuelos o nuestros padres y también eran relaciones de mucha calidad. Pero lo que nos pasa hoy en día es que esta comunicación a distancia es bastante superficial y rápida. No nos escribimos cartas profundas, aquellas cartas de amor o profunda amistad que se escribían antes, sino que nos enviamos mensajes muy rápidos, mal escritos, sobre los que queremos respuestas inmediatas. Muchas veces no están ni siquiera pensados y por eso generan tantos malentendidos y tantos conflictos.

En el terreno profesional, ¿cuál sería el peor error de comunicación que podríamos cometer?

Un error bastante frecuente es la ignorancia de lo que hace uno mismo. Hay personas que no mejoran porque no son conscientes de lo mal que lo hacen, de todas las carencias que tienen. Por lo tanto, una recomendación sería que todo el mundo se analizara para saber en qué puede mejorar porque todos, todos, podemos mejorar. Es típico que alguien tenga un comportamiento que no es muy aceptable socialmente y él no se da cuenta, mientras que sí se dan cuenta todos los demás. Este es uno de los errores típicos. Y el segundo -muy relacionado con este- pensar que los raros son los demás. En una sociedad que es cada vez más plural, diversa y en un entorno global donde nos relacionamos profesionalmente con gente de todo el mundo, el pensar que lo normal es lo mío y los demás son extraños es un error muy grave. Tenemos que abrirnos cada vez más, ser más tolerantes, aprender a comunicarnos como lo hacen otras personas y no solo tener un modelo de comunicación.

¿Qué ventajas tiene aprender esto?

Si tú solo tienes un modelo de comunicación, si tienes un solo registro, solo te puedes comunicar con éxito con una parte de la población -con la gente de tu barrio, de tu gremio o de tu edad-. Pero si quieres llegar a más gente, si quieres tener buenas relaciones con personas diversas, abrir tu campo de acción, tienes que ser más flexible y así poder llegar a estas personas. Una de las características de las personas seductoras que tienen capacidad de influencia, es que perciben rápidamente cómo se comunican los demás y se pueden adaptar a ellos. Esto solo se puede hacer si tienes una mentalidad abierta, si eres buen observador y si tienes esta capacidad para adaptarte a la comunicación del otro. Si no, solo tienes la posibilidad de llegar a un sector, a un grupo o a un colectivo.

Usted relaciona los conceptos “comunicación” y “felicidad”. ¿Cuál es su argumento para enlazarlos?

Somos animales sociales, no podemos no vivir en sociedad. Si nos excluyen, morimos, y necesitamos herramientas de comunicación para sentirnos integrados, para sentir que formamos parte de la sociedad, de nuestro grupo. Por lo tanto, cuantas más herramientas de comunicación tengamos, cuanto más eficaces seamos en comunicación, más fácil es que obtengamos esta integración y que tengamos relaciones de calidad. Esto es muy importante porque puedes formar parte de una familia, pero ¿cómo es esta familia? ¿cómo son sus relaciones? ¿hay bienestar? ¿hay humor, optimismo, cariño? ¿te sientes realmente arropado por estas personas? Esto mismo se puede trasladar al trabajo, la pandilla o al colectivo que sea. Por eso, cuando la comunicación es de calidad, las relaciones son de calidad y esto, sin duda, aporta bienestar a la persona. Es una de las fuentes más importantes de vitalidad y estabilidad emocional.